Reiki y los animales

Reiki funciona de la misma manera con los animales que con las personas. También ellos se pueden beneficiar de la energía para sanar más rápidamente, superar traumas y llevar una vida mejor.

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En palabras de Christel Seligmann, autora de “Reiki y los animales”:

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Probablemente el lector escéptico de los libros de Reiki deja diversas suposiciones sobre por qué la fuerza de Reiki tiene en los seres humanos efectos y éxitos curativos tan profundos. Pero por los animales el Reiki es aceptado simple y sencillamente, y libre de cualquier tipo de consideración social o religiosa. El animal -y sobre todo las especies salvajes- no se deja influir o curar de ninguna forma por medio de una creencia. Ningún perro, ningún gato, caballo o vaca, o cualquier tipo de animal doméstico que consideremos va a “actuar” por amor a nosotros la falta de dolor, la rápida cura de una herida, el bienestar o la completa relajación en función de satisfacer nuestras expectativas, o porque nosotros creamos en algo. El animal siempre tendrá con nosotros un comportamiento auténtico.

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Los animales reaccionan a los dones de Reiki en forma no falseada, natural y auténtica. Disfrutan de las manos que se les brindan y nos muestran exactamente dónde les hace bien el Reiki.

Probablemente ahora digas: “cualquier animal quiere ser tratado con amor por su dueño”. Claro que sí, esto es cierto, se trata de una necesidad natural. Pero curiosamente también los animales muy asustadizos aceptan rápidamente el contacto con las manos de Reiki, cuestión que sorprende mucho a su dueño.

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El negro

“Poco tiempo después de recibir mi segundo nivel viajé de vacaciones a Corfú. Inmediatamente detrás del complejo hotelero se encontraba una hermosa y extensa playa. Ahí me sentaba frecuentemente por la tarde, leía un libro o miraba simplemente el paisaje. Había un par de perros que jugaban en la playa. De repente vino hacia mí un pequeño perro negro. Lo acaricié y coloqué mis manos sobre mi cuerpo. Entonces él se dejó caer en la arena, cerró placenteramente los ojos y le pude dar 45 minutos de Reiki. Luego se levantó, dejó que lo rascara suavemente un poco y corrió a donde estaban sus amigos. Cada vez que me encontraba con el animal, corría hacia mí, me saltaba alegremente y se dejaba acariciar.”

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Félix, el conejito de Indias

Me llamo Heike y durante un largo tiempo fui una alumna “no creyente” en Reiki. Un día pensé: “Ahora quiero saberlo de una vez por todas, ¡Voy a probarlo con Félix, el conejito enano de mi hija!” Hasta ese momento Félix siempre me había dado miedo, porque era agresivo y enseguida quería morder. Mi hija me dijo que Félix tenía otra vez diarrea. Me armé de coraje, me agaché delante de la jaula, metí mi mano derecha cuidadosamente en ella y la apoyé sobre su vientre. Gran sorpresa: Félix lo consintió. Después de un rato incluso movió la cabeza de tal forma, que se colocó debajo de mi antebrazo. ¿Acaso sentiría el fluir de Reiki?

Me alegré, porque ahora estaba segura de que yo también podía dar Reiki y que los animales sienten y gustan de Reiki. Al día siguiente llamé a casa de mi hija para preguntar como seguía Félix. Mi yerno me dijo: “¿Qué hiciste con Félix?” En ese momento se me cayó el alma en los pies. Luego agregó: “Félix viene saltando, busca que le apoyen una mano y corre decepcionado de uno a otro de nosotros”. Respiré aliviada. A partir de este momento bautizamos a Félix como “nuestro conejo Reiki”.

Cuando unas semanas después lo tuve por unos días bajo mi cuidado, incluso podía ponerle la mano debajo de la cabeza mientras comía, y él lo consentía.

Para mí era maravilloso sentir que este pequeñuelo me tenía ahora tanta confianza.[…]

 

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